La depresión, una de las patologías más prevalentes a nivel mundial, ha sido cada vez más vinculada a las condiciones sociales y económicas impuestas por el sistema capitalista. La frase «no era depresión, era capitalismo» ha resonado en las manifestaciones y redes sociales, reflejando la percepción de que las estructuras sociales y económicas son factores determinantes en el aumento de los trastornos mentales. La realidad es que SI era depresión y también capitalismo.
Por Maira Gentoso*
Es importante dejar claro que no estamos negando la existencia de la depresión como una enfermedad, sino que es relevante que comencemos a entender hasta que punto las condiciones de vida que rigen este sistema nos afectan.
Como dice Luis Revuelto: “las fuentes del sufrimiento no son un monopolio del sistema económico, político y social imperante, sino que el sufrimiento es algo que siempre ha existido y se relaciona de cierta forma con lo social, pero nunca es un todo social. El sufrimiento que escuchamos quienes trabajamos en salud mental no siempre tiene que ver con las condiciones en las que vivimos (lo que no las niega ni las hace menos importantes); suele aparecer la familia, los cuidados, los descuidos, los vínculos, las relaciones, las transgresiones… “
Hay datos que nos deberían hacer reflexionar: la OMS señala que más de 300 millones de personas padecen depresión, siendo las mujeres y los/as jóvenes los más afectados, especialmente en países con bajos y medianos ingresos. La pandemia de COVID-19 ha agravado aún más esta situación, exacerbando el aislamiento, la incertidumbre y las dificultades económicas.
La relación entre la depresión y el capitalismo se manifiesta de diversas formas. El sistema, con su énfasis en la competencia individualista, la explotación y la acumulación de riqueza, genera un profundo sentimiento de alienación y deshumanización. La precariedad laboral, la inestabilidad económica y la sobrecarga laboral son factores que contribuyen al estrés y a la ansiedad. Además, el culto al consumismo y la búsqueda constante de la felicidad a través de bienes materiales pueden generar insatisfacción y vacío existencial.
Los y las jóvenes son un grupo particularmente vulnerable. La sobrecarga académica, la presión por encontrar un empleo estable y la dificultad para acceder a una vivienda propia generan altos niveles de ansiedad y angustia. La precariedad laboral, especialmente en sectores como la hostelería y el comercio, agrava aún más esta situación.
Si bien es fundamental abordar las causas estructurales de la depresión, es igualmente importante buscar apoyo profesional. La consulta con profesionales de la salud mental, especialmente aquellos y aquellas con una perspectiva crítica del sistema, puede ser de gran ayuda. Éstas pueden ofrecer herramientas y estrategias para encontrar las causas y poder así gestionar los síntomas de la depresión. También brindar un espacio seguro para explorar las situaciones personales y sociales que contribuyen a nuestro malestar. Es fundamental buscar a profesionales que no solo se enfoquen en los síntomas individuales, sino que también consideren el contexto social y político en el que vivimos.
En conclusión, la depresión es un síntoma de un sistema social enfermo, con fuertes repercusiones en nuestra vida cotidiana. También el desánimo, la tristeza, la ansiedad, el enfado, el estrés y el desasosiego pueden presentarse y producto de nuestra situación familiar, laboral o relacional afectiva. Hay recursos como para poder afrontar esto estados emocionales y el apoyo de profesionales de la salud mental con una perspectiva crítica es esencial para abordar esta crisis.
Maira Gentoso – Integrante del Colectivo Orientación Vital*
* Si buscas un espacio para trabajar en tu bienestar emocional desde una perspectiva crítica, te invitamos a contactarnos.
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