Por Mayra Gestoso para Orientación Vital –

La fobia social suele describirse como un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo intenso y persistente a situaciones sociales en las que la persona siente que puede ser observada, evaluada o juzgada. Desde esta mirada clínica clásica, el foco se coloca en el individuo: su inseguridad, su timidez extrema, su dificultad para exponerse. Sin embargo, esta explicación resulta insuficiente si no se interroga el contexto social que produce, amplifica y normaliza ese miedo.

En una sociedad capitalista avanzada, atravesada por la competencia, la precariedad y la exigencia constante de rendimiento, el miedo a la mirada ajena no surge en el vacío. Es, en muchos casos, una respuesta coherente a un entorno que convierte cada interacción en una evaluación y cada vínculo en un espacio potencial de juicio.

El miedo social no es una anomalía, sino una reacción comprensible ante un sistema que penaliza la vulnerabilidad y castiga la diferencia.

El capitalismo contemporáneo no solo organiza el trabajo y la economía: también modela subjetividades. Desde edades tempranas, las personas aprenden que deben mostrarse competentes, seguras, productivas y deseables. La exposición constante —en el ámbito laboral, educativo y, de forma especialmente intensa, en las redes sociales— instala la sensación de estar siempre siendo observadas.

Hablar en público, participar en una reunión, pedir ayuda, incluso compartir una opinión, se convierte en una escena de riesgo. El error ya no es parte del aprendizaje, sino una amenaza a la propia valía. En este contexto, el miedo social no es una anomalía, sino una reacción comprensible ante un sistema que penaliza la vulnerabilidad y castiga la diferencia.

Individualización del malestar: Uno de los rasgos centrales de la sociedad capitalista es la privatización del sufrimiento

Los problemas generados por dinámicas estructurales se traducen en diagnósticos individuales. Así, la persona con fobia social suele sentir que “algo está mal en ella”, que no se adapta, que falla donde otros parecen desenvolverse con naturalidad.

Esta lógica invisibiliza las condiciones materiales y simbólicas que generan ansiedad: la inestabilidad laboral, la presión por destacar, la falta de redes comunitarias sólidas, la cultura del éxito permanente. En lugar de preguntarnos qué tipo de sociedad produce sujetos paralizados por el miedo al juicio, se medicaliza el síntoma y se responsabiliza al individuo de su malestar.

Aislamiento y competencia: La fobia social, en este sentido, no es solo miedo a los otros, sino miedo a un tipo de relación social basada en la comparación constante

El capitalismo fomenta relaciones marcadas por la competencia más que por la cooperación. El otro deja de ser un aliado potencial y pasa a ser, muchas veces, un rival o un evaluador. Este clima erosiona la confianza básica necesaria para el encuentro social.

La fobia social, en este sentido, no es solo miedo a los otros, sino miedo a un tipo de relación social basada en la comparación constante. El aislamiento que suele acompañarla no es únicamente una consecuencia del trastorno, sino también una estrategia de autoprotección frente a un entorno vivido como hostil.

Repensar la intervención terapéutica: Una psicoterapia con conciencia social puede abrir espacios para politizar el sufrimiento, recuperar la dimensión colectiva del miedo y reconstruir vínculos desde la cooperación, el cuidado y la aceptación de la vulnerabilidad compartida

Abordar la fobia social exclusivamente desde técnicas de exposición o entrenamiento en habilidades sociales puede resultar limitado si no se integra una lectura crítica del contexto. No se trata solo de “adaptar” a la persona a un mundo que enferma, sino de ayudarla a comprender que su malestar tiene sentido, que no es una falla personal, sino una respuesta a condiciones sociales concretas.

Una psicoterapia con conciencia social puede abrir espacios para politizar el sufrimiento, recuperar la dimensión colectiva del miedo y reconstruir vínculos desde la cooperación, el cuidado y la aceptación de la vulnerabilidad compartida.

Del miedo individual a la pregunta colectiva: Cuando el miedo a la mirada ajena se vuelve masivo, ya no estamos ante un problema individual, sino ante un síntoma social que merece ser pensado —y abordado— colectivamente

Preguntarnos por la relación entre fobia social y sociedad capitalista implica desplazar la mirada: del síntoma al sistema, del individuo aislado a las condiciones que lo producen. Tal vez, más que enseñar a las personas a no tener miedo de los otros, sea necesario transformar las formas de organización social que convierten cada encuentro en una amenaza.

Porque cuando el miedo a la mirada ajena se vuelve masivo, ya no estamos ante un problema individual, sino ante un síntoma social que merece ser pensado —y abordado— colectivamente.

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